miércoles, 11 de marzo de 2026

Blade Runner (1982) de Ridley Scott


Everything that lives is Holy
William Blake, The Marriage of Heaven and Hell


Una vez más volví a Blade Runner (1982) de Ridley Scott. Si mal no recuerdo, es una película que debo haber visto por pimera vez en mis lejanos días del polimodal, allá por los años 2007, 2008 o 2009. Seguramente, alguna versión mía un poco más joven podría determinar con mayor exactitud cuál fue el año en que descubrí semejante joya del cyberpunk. Esperen un poco...quizá esas distorsiones en la percepción del tiempo se deban al efecto generado por los implantes de memoria de la Tyrell Corporation. ¿Quién sabe? Humoradas aparte, el filme se basa en una adaptación libre de la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? (1968) del escritor estadounidense Philip K. Dick (1928-1982), uno de los autores más influyentes de la ciencia-ficción contemporánea. Blade Runner ha sabido inspirar a más de una generación con su particular visión visión neo-noir del futuro (un “futuro” que, al menos para nosotros, ya es “pasado”). Desde mi lugar como amante del género, diría que mucha de la Sci-Fi que vino después le debe buena parte de sus inspiraciones estéticas y narrativas a esta cinta, algo apreciable en obras como Ghost in the Shell (1995) de Mamoru Oshii o Cowboy Bebop (1998-1999) de Shinichirō Watanabe. Reitero lo dicho, es una de esas películas a las que suelo retornar cada tanto. Al decir de Borges en Utopía de un hombre que está cansado (1975): “no importa leer sino releer”. Sin duda, una aseveración con la cual concuerdo plenamente y, además, creo que la misma debería extenderse al cine. Ciertas creaciones del séptimo arte ameritan ser revisitadas. Blade Runner es una de ellas.




Dado que sobre esta cinta se han escrito bibliotecas enteras, intentaré dejarme llevar por las impresiones personales. No voy a establecer comparaciones con la novela (cuya lectura les recomiendo). Tampoco apunto a esclarecer el interrogante en torno a tal o cual de los tantas versiones existentes deberían ver para lograr la experiencia definitiva. A lo sumo, les diré que siempre opté por el Final Cut (2007), aunque entiendo que esta cuestión queda librada a las preferencias individuales. Asimismo, no considero relevante sumar más líneas a la discusión acerca de si Deckard (Harrison Ford) es o no un replicant (está claro que lo es, tan solo basta con prestar atención a la secuencia onírica del unicornio). No. Como dije, voy a guiarme por lo que me generó el reciente reencuentro con Blade Runner. Durante esta revisión, aprecié un aspecto en particular: lo verdaderamente fascinante es la historia detrás de la rebelión de los replicants fugitivos, integrantes del grupo liderado por Roy Batty (Rutger Hauer), quienes terminan siendo —o eso me pareció— los personajes más interesantes de toda la película.



Roy Batty (Rutger Hauer): "Combat model for Colonization Defense"


Leon Kowalski (Brion James): "Let me tell you about my mother"


Zhora, alias Miss Salome (Joanna Cassidy): "Talk about Beauty and the Beast. She's both"


Pris Stratton (Daryl Hannah): "Basic pleasure model"

En claro contraste con su naturaleza artificial, los replicants son, por lejos, los seres más vivos y humanizados de Blade Runner, los únicos que aún conservan la pasión en un mundo carente de ella. Mientras la vida se prolonga bajo la forma de un monótono sinsentido para la mayoría de los demás personajes, quienes simplemente se limitan a realizar el trabajo que les ha sido asignado, los Nexus-6, en cambio, huyen de la esclavitud, intentando salvar sus propias vidas, marcadas por el hecho de tener una duración "útil" de cuatro años (medida preventiva ante cualquier intento de rebelión). Dicho carácter existencialista tiene su mayor reflejo en la trágica figura de Roy, sumergido en una búsqueda épica para encontrar a su creador.




Entonces, con un guion intrigante, caracterizaciones geniales, grandes actuaciones y la dirección de Scott, Blade Runner logra generar un nivel de worldbuilding increíble. Tal vez yo sea un nostálgico, pero esta es la clase de obras de las cuales más disfruto, osea, las películas lentas de antaño, aquellas que seguían la vieja y querida máxima de "Mostrar, no contar" (Show, don't tell). Apenas saltaron los créditos, no podía pensar en otra cosa que no fueran las historias personales de cada uno de los replicants. ¿Cómo habrán sido sus vidas en el espacio? Con solo escuchar la breve mención de que Zhora (Joanna Cassidy) formó parte de un Off-world kick murder squad me basta y sobra para terminar el filme imaginando un mundo de colonias planetarias y humanoides bioingenierizados con habilidades parafísicas superiores a las de cualquier humano, cuya única finalidad consiste en realizar misiones de asesinato político. ¿Entienden lo que digo? Una película que posee la capacidad de dejar a sus espectadores pensando, imaginando, soñando, en definitva, expandiendo el universo presentado a lo largo del metraje. A eso me refiero. Creo que antes se tenía más fe en la imaginación de la audiencia. Hoy por hoy, todo se encuentra plagado de un exceso de exposición que anula cualquier sutileza. Ya sé, estoy empezando a sonar como un Abuelo Simpson cinéfilo (y no lo niego). Algo parecido mencioné en la reseña de Alien (1979). No quiero que me expliquen qué hay detrás del Space Jockey, tampoco quiero saber el origen de Hannibal Lecter, Hannibal funciona bien como está. Punto. Repito: Show, don't tell..., un concepto que Blade Runner capta a la perfección.








Hace poco, escribí una entrada luego de ver Dead Man (1995) de Jim Jarmusch. No deja de resultarme curioso, ya que en esa película el personaje de Nobody (Gary Farmer) recita un fragmento de un poema de William Blake. Eso se debe a que William Blake es, justamente, el nombre del protagonista interpretado por Johnny Depp. Estas menciones al poeta inglés sirven para señalar otro genial aspecto de Blade Runner; pese a ser una pelícua de cuarenta y cuatro años, todavía consigue asombrarme. Al ver la escena que transcurre en el laboratorio del genetista Chew (James Hong), me sorprendió descubrir que Roy está recitando unas líneas —levementes alteradas para la ocasión— del poema America, a Prophecy, compuesto por Blake en 1793.




"Fiery the angels fell; deep thunder rolled around their shores; burning with the fires of Orc" (minuto 27:23 en el Final Cut)




Original: "Fiery the angels rose, and as they rose deep thunder roll'd. Around their shores: indignant burning with the fires of Orc"


Identificar esta referencia, con sus alusiones religiosas, conduce al siguiente planteo. Considerando la cita de Blake, parecería que la justificación metafísica de la existencia es equiparada con la búsqueda de un creador, llevada a cabo por los Nexus. En algún punto, todos hemos querido saber de dónde venimos, y el hecho de compartir ese interrogante con los replicants conlleva, necesariamente, la pregunta referida a "¿qué nos diferencia de ellos?" o, sí se quiere ir un poco más allá, "¿qué nos hace humanos?". Los replicantes buscan a su creador y se preguntan por qué existen, por qué deben morir. Aunque nosotros vivimos más tiempo, nos preocupan las mismas cuestiones que a esos seres genéticamente modificados y biomejorados. Creo que ese dilema acciona detrás de los motivos de "ángeles caídos" asociados con los replicants: vienen de las alturas (representadas por otros mundos, los Off-worlds), descienden en la tierra luego de robar una nave y matar a su tripulación, parecen sobrehumanos en muchos sentidos y experimentan heridas semejantes a estigmas (cada vez más notorias a medida que se aproxima el fin de su ciclo vital). En suma, todo el simbolismo religioso se vincula con el tormento nihilista y existencial que provoca descrubrir la propia falta de propósito. Entonces, resulta posible argumentar que, hacia el final del filme, la aceptación de Roy de esa misma falta de propósito es parte de la razón por la cual asume un papel similar al de una suerte de figura redentora, sacrificándose por Deckard, a pesar de que este último es tan imperfecto y terrenal como los propios replicantes que suele "retirar". Esto se ve reflejado, por ejemplo, con la paloma blanca liberada por Roy al momento de perecer (una imagen que bien podría simbolizar la paz, pero también el ascenso del alma).




Pris: "I think, Sebastian, therefore I am"




Retomo por un momento lo señalado antes, cuando decía que adoro estas películas lentas. No es casual que, en Blade Runner, el pacing le otorgue al espectador tiempo suficiente para reflexionar sobre las preguntas filosóficas inherentes a su trama. Dick asentiría complacido. Mientras los replicants luchan por sobrevivir e incluso matan por ello, uno se cuestiona si es simplemente nuestra condición biológica lo que nos hace humanos o si se trata de algo más intangible. Desde esa perspectiva, lo que resulta más atractivo del filme es cómo esa pregunta cambia nuestros juicios acerca de la moralidad de las acciones de los distintos personajes, no solo en una escena en particular, sino a lo largo de toda la narrativa.




Finalmente, podría decirse que una interesante lectura marxista subyace en Blade Runner. La misma se evidencia al implicar sutilmente que no son nuestras experiencias subjetivas las que se valoran en una sociedad capitalista, sino más bien nuestra utilidad. Una vez que Batty y sus compañeros comienzan a tomar conciencia de esa deshumanización a la que se hallan sometidos, reaccionan con una mezcla de rebelión y búsqueda existencial, expresando sus valores subjetivos hasta el punto de perturbar su utilidad, razón por la cual tienen que ser destruidos ("retirados") por los Blade Runners.




Blade Runner permanecerá como un hito del cine y la ciencia ficción, una obra que no solo fue capaz de redefinir todo un género, sino que también dejó una huella cultural que perdura hasta el día de hoy.




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